El siglo todavía tenía ese olor a nuevo que prometía alegrías, ilusiones y (mentiras y omisiones vestidas de) esperanzas. Y el río nos abrazó bajo un verano tembloroso, haciéndonos creer que sí, es verdad, lo imposible existe, la vida es una fiesta. Y no, no supimos leer presagios en la lluvia que se llevó la luna, y nos reímos sin parar hasta el refugio de las ganas.

Después… Después el amor cambió, el tiempo se acabó, la distancia… La distancia. Entonces… Y entonces descubrimos los dolores que el siglo nos tenía preparados (a nosotros, a muchos, a no todos los demás). Ayer escribieron que te fuiste, así, sin avisar casi, que ya está, que ya no, que ahora sí, se acabó. Y me quedo sola junto a esa última vez, hace seis años, cuando dije me parece que aún tal vez, a mí también me parece, entonces, ¿qué? Hablémoslo. Y nunca más.

© Hebe Prado 2015