Vacío. Las calles. ¿Transitar? El barrio sabe a farolas, a pasos rápidos. No todo es alegría. Una ventana mira con música de jazz y un perro llama a su familia. Calor… pereza agridulce. Una moto, un coche, dos camiones… alguien debe esconder las basuras y recargar estanterías… mañana volverás a consumir cantando. El día se afina hasta la calma y una pareja suena a silencio en su terraza. Las flores sacuden su nostalgia dibujando alfombras amarillas. Las ramas, hartas de charlatanes con pico, preguntan por el sueño. Una bicicleta siente frío, es el olvido. Una sirena se pierde entre las horas y unos patines adelantan a un tranvía. ¿Inocentes? Voces y risas tocan el cielo y las luces crecen oliendo a orden, no te las creas, su especialidad es la mentira. La quietud no alcanza para juntar tanta vida tirada por las aceras. ¿Engañarán unas horas a quien duerme en un cajero? La noche… no siempre es descanso. Amor tampoco.

© Hebe Prado

Graphic River, envato