Llueven brujas.

Sobre las últimas luces rojas que bañan el dorado de las hojas que aún tiemblan en la noche de los árboles, la luna se prepara, se levanta…

Mientras tanto, van lloviendo brujas.

Llueven desde la Polar y Venus, desde Casiopea y Orión, desde las Osas, desde Marte, llueven sobre la montaña sagrada y sobre el bosque secreto. Llueven surgiendo de las cuevas, de las islas, llueven vomitadas por el mar y por los vientos. La tierra las conjura, la llama las atrae y el aire las empuja a través de los misterios de los tiempos.

Y las brujas llueven.

Sus amantes… esperan. Cubiertos de aromas nuevos, celosos guardianes de pócimas, hierbas, hiedras, setas, hidromieles y sagrados humos. Ellos golpean los tambores, tensan las cuerdas de violas, laúdes, cítaras y arcos, vibran en las flautas y preparan sistros, címbalos y castañuelas para ellas. Alimentan el fuego, todos los fuegos, el sagrado, el de las brasas, el de sus brazos, el de mil encuentros… mientras susurran sus nombres invocando formas amadas.

Esta noche llueven brujas siguiendo el ritmo que marca el amarillo disco de la luna.

Atraviesan varios mundos para reunirse en el instante que muere, en el año que nace. En sus cuerpos, ligeros de ropajes y ataduras, llevan escritos sus nombres, sus amores y los nombres de sus diosas, esas a las que sus enemigos llamarán demonios. Pero no será hoy. Hoy solo habrá tiempo para el canto, para el baile, para el éxtasis, los ritos, el amor… Después… las manecillas de los siglos cambiarán la dirección de las llamas, pero hoy… Hoy las llamas vibrarán, saltarán, bendecirán la liturgia que abre las compuertas de los mundos, que calma los espíritus, que acerca las ansias, que celebra la vida.

La luna brilla cada vez más fuerte. A su sombra, esta noche, están lloviendo brujas.

© Hebe Prado 2013