Miraba el tendedero hipnotizado por el sinsentido de aquella cola de sirena que goteaba su absurda presencia de brillantes escamas como si fuera un vestido recién lavado.

Cuando más tarde, ya en la escalera, la portera se encontró con su incrédula y desconcertada sorpresa, le explicó que el taxidermista del segundo estaba probando un nuevo sistema para disecar animales marinos.

—¿Animales? —preguntó asombrado de su propio asombro.

— Sí, claro. Animales. ¿Cómo la llamaría usted?

 

© Hebe Prado 2015