Demonio interior

Vivía el día con la tranquilidad de quien no tiene motivos, razones ni intereses para temer al miedo. Al llegar la noche, disfrutaba de los aromas de la calma, del silencio, de la magia de las luces, de una buena selección de sabores amigos y de una copa de esas que hacen bailar el alma. Pero cuando se acercaba el momento de quedarse a solas con los sueños, su estómago lanzaba la voz de alarma. No era la oscuridad, la soledad, ni tan siquiera los diablos del subconsciente fabricando pesadillas. No, tanta resistencia a dormirse no era insomnio, no, era simplemente, miedo. Miedo a encontrarse con esa parte de su yo que dedicaba las horas nocturnas a pasar cuentas con él y con su vida. Que le hacía las preguntas que no estaba dispuesto a contestar. Que le mostraba las incertidumbres del futuro. Y fue ese miedo de sí mismo quien lo llevó a buscar compañía para dormir. No lo logró. Entonces, decidió cambiar de horario de trabajo para ocupar las noches y agotar el cuerpo, y así no tener que discutir con su fantasma. Finalmente, cuando ya no encontró como acallar a su enemigo, consiguió comprar aquella caja de pastillas. Fue la única manera que encontró de entenderse con el monstruo.

 

© Hebe Prado 2015

By |2017-05-25T19:17:33+00:0004/06/2015|cafecuento exprés|2 Comments

2 Comments

  1. Miguel 05/06/2015 at 10:51

    Maldito miedo!!!!

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