El café de la mañana prometía, durante ese fresco instante de terraza, horas tranquilas de verano en calma. Sabía que no sería así, pero le gustaba imaginar que aún era capaz de conquistar las oscuras intenciones del tiempo. Miró a su alrededor buscando algún recuerdo interesante, tal vez un motivo de conversación, un instante para recortar del hastío cotidiano, ¿una última excusa?, pero la ciudad circulaba encerrada en sus perezosas rutinas de prisas y pantallas. Bebió el último sorbo, comprobó la hora, se decidió. Sería difícil evitar algunas bajas, sin embargo, empezó a caminar con cierto entusiasmo, sintiendo que, finalmente, había encontrado la manera de controlar su destino.

© Hebe Prado 2017

Hebe Prado