El sueño de Diomedea

  • El sueño de Diomedea, bitácora de Hebe Prado

Diomedea exulans, el albatros errante

Diomedea, de apellido exulans, duerme mientras viaja errante por los océanos del sur. Sus  alas —clonadas en aviones, planeadores y drones—, solo necesitan medio cerebro para navegar, mientras el otro medio cerebro se recupera entre sueños que la ciencia (todavía) desconoce. Y así, su vuelo nunca se detiene. Nunca. Nunca. Nunca… Nunca.

Diomedea exulans vuela en picado y en picado sigue volando a sesenta metros de profundidad (aunque a veces, también pesca en superficie). Ni el frío, ni la inmensidad, ni la soledad o la distancia interrumpen su vuelo. Vuela. Vuela. Vuela… Vuela.

Diomedea es frío, es soledad, es inmensidad y distancia… Es sal. Sesenta días y da (si quiere) la vuelta al hemisferio austral. Dos meses planeando alrededor del planeta. Planeando. Planeando. Planeando… Planeando. Sin mover las alas —si no quiere—… durante una semana. Una semana con las alas extendidas escuchando las historias que el aire le susurra entre las plumas, contemplado paisajes que (posiblemente) ni Google puede ver.

Diomedea es viento, mar, vida majestuosa, aire que bate las alas con fuerza, esfuerzo y por tanto, necesita espacio, mucho espacio, un gran espacio para despegar. Pero una vez que se eleva… se eleva… se eleva… se eleva… Y olvida que la tierra existe.

Excepto… si necesita amar. Entonces, con una torpeza proporcional a la grandeza de sus alas y a la belleza de su vuelo, entre golpes y risas, Diomedea aterriza. Ameriza. A veces… se convierte en víctima. Y a veces… si el encuentro deseado (o el reencuentro) se produce, bailará una de las más bellas danzas del amor. La primera, al cumplir diez años. Las siguientes… cada dos. O uno, si algo salió mal.

Todo es grande en Diomedea. Su amor. Su derrota. El horror de sus polluelos envenenados con los plásticos humanos. El horror de la prisión. El horror de unas alas nacidas para el viento y atrapadas en la burda trampa de los suelos de la realidad.

L’ALBATROS

Souvent, pour s’amuser, les hommes d’équipage
prennent des albatros, vastes oiseaux des mers,
qui suivent, indolents compagnons de voyage,
le navire glissant sur les gouffres amers.

A peine les ont-ils déposés sur les planches,
que ces rois de l’azur, maladroits et honteux,
laissent piteusement leurs grandes ailes blanches
comme des avirons traîner à côté d’eux.

Ce voyageur ailé, comme il est gauche et veule!
Lui, naguère si beau, qu’il est comique et laid!
L’un agace son bec avec un brûle-gueule,
l’autre mime, en boitant, l’infirme qui volait!

Le Poète est semblable au prince des nuées
qui hante la tempête et se rit de l’archer;
Exilé sur le sol au milieu des huées,
ses ailes de géant l’empêchent de marcher.

Charles Pierre Baudelaire, Les fleurs du mal, 1860

El albatros

Por distraerse, a veces, suelen los marineros
dar caza a los albatros, grandes aves del mar,
que siguen, indolentes compañeros de viaje,
al navío surcando los amargos abismos.

Apenas los arrojan sobre las tablas húmedas,
estos reyes celestes, torpes y avergonzados,
dejan penosamente arrastrando las alas,
sus grandes alas blancas semejantes a remos.

Este alado viajero, ¡qué inútil y qué débil!
Él, otrora tan bello, ¡qué feo y qué grotesco!
¡Éste quema su pico, sádico, con la pipa, aquél,
mima cojeando al planeador inválido!

El Poeta es igual a este señor del nublo,
que habita la tormenta y se ríe del ballestero.
Exiliado en tierra, sufriendo el griterío,
sus alas de gigante le impiden caminar.

El albatros de Charles Pierre Baudelaire

Poeta, crítico y traductor, Charles Baudelaire (1821 – 1867), escribió este poema en 1841 durante un viaje a la India, organizado por su familia para que cambiara la bohemia de París por la vida de un «honrado» comerciante. No llegó a ninguno de estos destinos. Desde Isla Mauricio regresó a París y se convirtió en un dandy («Debe aspirar a ser sublime ininterrumpidamente. Debe vivir y morir ante su espejo», decía) y en un decadente («Lo que tiene de fascinante el mal gusto es el placer aristocrático de disgustar», insistía).

Escritor neurótico y precursor de las neurosis del siglo XX, tradujo a Poe, estudió a Poe, se fundió con Poe, mientras admiraba a Théophile Gautier y a su Parnaso (sí, los de «el arte por el arte» y la belleza del verso sobre todo lo demás), buscando una respuesta estilística al sentimentalismo romántico. Alejado a priori de toda filosofía o moral políticamente correcta (aunque cercano al gnosticismo y a la metafísica), negando todo estilo discursivo y todo didactismo político (por más que participó en la revolución de París de 1848 y actuó contra el golpe de estado de 1851), perdido en los excesos, la provocación y el humor negro, dio inicio a la poesía contemporánea.

Baudelaire desentona con su tiempo, con la hipócrita sociedad de su tiempo, con la industrialización, con el capitalismo salvaje y el progreso —como concepto que no puede detenerse, que no tiene final (suena tan actual más de 150 años después…)—, y, a diferencia de realistas y naturalistas (a quienes detesta), explora el ser y sus circunstancias. Pesimista, desesperanzado, patético, irrisorio… «experimenta» con hachís, opio, alcohol, sexo… y (según sus letras) solo encuentra aburrimiento, fastidio, spleen… pero lo adereza con el mal, lo feo, la muerte, el pecado, lo convierte en el tema alrededor del cual gira su obra y con ello crea belleza.

Según André Breton, Baudelaire cuenta «… pomposamente cosas cómicas. —La irregularidad, es decir, lo inesperado, la sorpresa, la admiración son una parte esencial y la característica de la belleza. — Dos cualidades literarias fundamentales: sobrenaturalismo e ironía.—La mezcla de lo grotesco y de lo trágico es agradable al espíritu, como las discordancias a los oídos blasés».

«Exiliado en tierra, sufriendo el griterío, / sus alas de gigante le impiden caminar»… escribe Baudelaire en una grotesca y trágica visión de sí mismo.

Les fleurs du mal, poemario publicado en 1857, fue prohibido, multado, mutilado y llevado a juicio, junto con su autor y su editor, por atentar contra la moral. Libro maldito donde los haya, marca el inicio del simbolismo, origen de los movimientos poéticos de finales del XIX y principios del XX, en España y Latinoamérica. Se reeditó en 1860, sin los poemas prohibidos por la censura y… con el añadido de El albatros.

Albatros errante
Diomedea exulans

En alta mar navega el viento
dirigido por el albatros:
esa es la nave del albatros:
cruza, desciende, danza, sube,
se suspende en la luz oscura,
toca las torres de la ola,
anida en la hirviente argamasa
del desordenado elemento
mientras la sal lo condecora
y silba la espuma frenética,
resbala volando el albatros
con sus grandes alas de música
dejando sobre la tormenta
un libro que sigue volando:
es el estatuto del viento.

Pablo Neruda, Pajarintos,
«Arte de pájaros» (1962-1965)

El albatros de Pablo Neruda

Pablo Neruda (1904 – 1973), poeta chileno (y americano y del mundo), amante de los mares del sur y de los pájaros, cruzó tangencialmente el siglo XX con sus azotes, sus azares y azahares, las vanguardias, los países y la historia, y convirtió sus aventuras, sus amores, sus ideas, los mundos que sufrió, visitó y amó, en una totalidad poética. Un creador gigantesco con una obra de dimensiones y profundidad tales, que hasta los más exigentes de los críticos consideran que es uno de los mejores escritores de todos los tiempos.

Durante su último ciclo creador (definen los experto a Neruda como un poeta cíclico), escribió Albatros errante, primer poema de la serie Pajarintos, en el que relaciona a la mayor de las aves marinas con un libro y en el que, a diferencia de Baudelaire que la muestra derrotada, la define con toda la belleza y el poderío de su vuelo, hasta el punto de nombrarla patrón y capitán del viento.

Arte de pájaros es uno de libros de Neruda considerados «menores»  por la crítica. Pero el poeta le dedicó una atención especial y científica de ornitólogo. Tiene dos partes: Pajarintos, en la que expresa su admiración y su pasión por las aves chilenas, terrestres y marinas, y Pajarantes, donde con un toque de humor da vida a aves imaginarias, incluido el Pájaro yo, a través del cual habla (canta) de sí mismo. La primera edición de esta obra fue una versión ilustrada y limitada (1966). Existe, además, una versión sonora reducida, con grabaciones del mismo poeta y musicalizada por el cantautor chileno Ángel Parra.

Pocos años después de concluir Arte de pájaros, en 1971, Neruda recibiría el Nobel, mientras era embajador de Chile en Francia. Dos años después moriría, en los inicios de la locura asesina que derrocó al gobierno electo, democrático y socialista de Salvador Allende.

Y de regreso a la tierra, en 2010, al calor de las ilusiones que generó la creación del blog 280ypunto Relatarium, que un grupo de microrrelatistas virtuales pusimos en marcha de forma conjunta, escribí este pequeño microrrelato pensando en las grandes aves, especialmente en los albatros, y pensando también en Baudelaire, Neruda y otros poetas (y en algún poeta amigo en particular):

Impedimento

Los grandes albatros, los grandes cóndores, viajan solos. Las gaviotas, las palomas, los gansos, los pingüinos, los suris y muchos pueblos con plumas, viajamos en bandadas. Algunos, como los suris, no nos animamos ni a volar, nos quedamos en tierra. No conocemos el olor de las estrellas ni sabemos cuál es la canción que canta el viento en las alturas. Los océanos del sur son tan helados, la nieve andina nos asusta… y nosotros, los pueblos de la tierra, igual que los del mar, viajamos juntos. No soportamos la soledad de las alturas. No podemos comprender tanta belleza.

(Puedes leer los comentarios de este micro en Relatarium. Y también puedes leerlo en cafecuento)

Lejos de su elemento, Diomedea, de apellido exulans, inspiración de navegantes del viento y de las letras,  no vale mucho. Fuera del aire, del mar, de las alturas… se convierte en… perdedor. O en perdedora.

Tal vez por eso atrae tanto a los poetas. Por la belleza de su vuelo. Y por su trágico destino cuando está lejos del viento. Y tal vez porque dos de mis poetas favoritos le dedicaron un poema, lo elegí como nombre de este blog. O tal vez porque… una vez, alguien muy querido me dijo que, pasara lo que pasara, al igual que un albatros errante, no dejara nunca de volar detrás de las palabras.

Hasta aquí, el porqué del nombre de esta bitácora. En la próxima entrada, el para qué.

Gracias por leer.

Wikipedia

Más fotos de Diomedea exulans
en la página de archivo de esta bitácora.

Javier del Prado, Historia de la literatura francesa.

André Breton, Antología del humor negro (Anthologie de l’humour noire, 1939).

José Miguel Oviedo, Historia de la literatura hispanoamericana T.3. Postmodernismo, vanguardia, regionalismo.

By | 2017-04-20T21:27:05+00:00 01/04/2014|Categories: Bitácora de Diomedea, En primera persona|Tags: , , , |0 Comments

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Escribo por necesidad, por placer, por formación, por trabajo, por oficio. Las palabras, siempre las palabras, toda mi vida la he vivido entre palabras.

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